miércoles 20 de octubre de 2010

Un vaso y una pelota.

Bueno, yo era chico, no recuerdo que edad exactamente, pero me arriesgo a unos ocho o nueve años, era navidad, y como mi cumpleaños es por esos días, nunca sé qué edad tengo en las navidades, tendría que ser al revés, y saber que navidad era exactamente porque también era mi cumpleaños, pero como nadie celebra un cumpleaños en navidad, no se celebraba, y como no se cuentas las navidades, los dos recuerdos se mezclan y cofunden en uno, y solo quedan lugares y regalos, nada de edades. Esa navidad la celebrábamos en las montañas, lejos de la ciudad, cerca del frio, en un hotel horrible que había elegido mi abuela, mi abuela muerta de cáncer, cáncer y navidad, que linda historia. Bueno, mi abuela estaba bien en ese entonces, mi papa no, mi papa es un hombre que sabe gastar su dinero, cuando lo tiene, y le gusta gastarlo, y en ese entonces tenía algo para gastar, así que cuando vio ese hotel horrible se encolerizo, vamos que decir encolerizado es poco, se calentó, se molesto, se nos arrechó el muchacho. Así que mi padre nos agarro a nosotros y a su hermano, todo fresquito de Viena mi tío, y nos llevo a otro lugar, no un hotel, sino unas cabañas, lindas y nuevas. Al hotel horrible volvimos para la cena de navidad, y para mí, por supuesto, lo importante eran los regalos. Me tocó lo que había pedido, siempre, no sé cómo, me daban excelentes regalos, ese año había pedido una pistola de aire comprimido, bastante inofensiva y de poco poder, con balines de goma, increíblemente divertida. Obviamente se discutió mucho mi regalo, algunos a favor otros en contra, pero yo igual me quedé con él. Estábamos en la mesa, yo acababa de abrir mi regalo, había otros pero no los recuerdo, la mesa rebozaba de comida, y de la nada aparecieron detrás de mío, dos niños, mucho más chicos que yo, parecían, me atrevo a decir, hijos de algún empleado del hotel horrible, eran obviamente pobres, no nos dijimos nada, ellos vieron mi regalo y con mucha emoción me mostraron los suyos, un vaso plástico verde y una pelota de goma anaranjada. Después se dieron la vuelta y se fueron, jugando, yo me quedé sentado con mi pistola, viendo como se entretenían los niños con un vaso y una pelota.