lunes, 13 de marzo de 2017

La vida.

     Siempre me sorprende ese graffiti, dormido en la piedra, se me olvida que está ahí, y está bien, porque de esa manera me da placer, y para mí llegar hasta ahí es ya un placer, así suma mucho, porque antes no iba, no llegaba, estaba lejos, pero bueno, ahora hago un esfuerzo más grande, y llego, y es hermoso.
     Las piedras, las olas, el mar. De un lado el puerto protegido, con aguas calmas y embarcaciones de todo tipo, del otro el mar abierto, fuerte, poderoso, entretenido, si voy por la mañana plateado, si voy por la tarde azul y si voy por la noche negro.
     Me gusta llegar hasta el fondo de ese caminito artificial, constantemente me maravillo del hombre y sus ideas y sus máquinas, y lo que construye. Invariablemente hay pescadores, por lo menos uno. Y me voy hasta la esquina y me siento un ratico, a ver como las olas rompen y la espuma salta.
     Y de vuelta lo veo, y después se me olvida que está ahí, a lo mejor con esto ya no me olvido. Quién sabe quién y cuando, y que fuerza movió a esa persona hacia ese valiente grito, pero bueno, yo lo acepto y lo celebro, y leo, al costado de la piedra, en negro, sin pretensiones: 

"La vida es bella 
vívela!"
     .

jueves, 9 de febrero de 2017

Siempre.

Cuando los ríos sean radiactivos,
y los niños nazcan con tentáculos,
y la comida sea de plástico,
y finalmente ya no tengamos control,
alguien,
en algún lugar,
agarrará una pedazo de latón y un palo:

hará 
música.  

sábado, 21 de enero de 2017

La Cocina.

Más
que el amor;
su 
cantidad 
infinita 
de
definiciones 
ambiguas.
que el odio; 
su 
unidireccional
sentido 
de 
justicia
destructiva.
Es 
la 
cocina,
con
su 
capacidad 
de 
cambiar 
lo 
que 
somos,
pasa,
pasará,
la 
que 
nos 
hace 
más
distintos
los 
otros
animales. 

lunes, 26 de diciembre de 2016

Querida Vecina

(Publicado originalmente, Lunes, 7 de julio de 2014)

Como soy el “escritor” del barrio, un vecino me trajo un documento para su corrección, me dijo que tenía que dar, esa fue su palabra, dar una carta, y que se quería asegurar de que estuviera correcta, yo por supuesto no soy quién para corregir nada a nadie, pero por intriga le dije que sí, que me la dejara y que en un rato se la llevaba a su casa, él obviamente se fue desilusionado ya que esperaba una operación inmediata, pero yo aludí tareas domesticas impostergables y como esto se entiende en las soledades del pueblo, el hombre aceptó, me agradeció y partió para su casa a unos escasos cuatrocientos metros. Sé que el hombre no tiene computadora y como es hombre mayor lejos está de aprender o entrar en el internet, así que me tomo una licencia y publico su carta. Es esto una violación de su intimidad, si, es esto una bajeza de mi parte, si, pero me justifico en el hecho de que me entregó la carta abierta, y en ningún momento especificó que era de dominio privado. Transcribo palabra por palabra un documento que por supuesto, no necesita corrección.


“Querida vecina,

Perdoneme, pero que hago. Yo la quiero mucho a la perra. Esta conmigo desde bien cachorra días tenia cuando la agarre. La perra me hace compañia. Por falta de trabajo no termine el cierre me faltan materiales. Si ato a la perra se me pone triste y no come se queda parada con la cabeza gacha y me mira. Yo se que le ladra pero tambien se que no le muerde. Mi perra nunca mordio a nadie. Usted tiene razon la perra sale a su encuentro usted nada le hace. Yo hice el corralito en el fondo no se como se escapa. Usted me avisa y yo la guardo pero no le pegue. Yo no le saco razón pero tampoco le entrego privilegios.

A sus ordenes, el vecino de la casa amarilla. ”